Opinión

Cuando los Char fueron pobres

De mar y montaña JUNIO 2022

Cuando los Char fueron pobres

Por: Juan Carlos Díaz Martínez

La familia Char, una de las 10 más poderosas de Colombia

La familia Char, una de las 10 más poderosas de Colombia, con una estructura de negocios representados en supertiendas, droguerías, medios de comunicación, publicidad, inversiones en el sector financiero, aeroportuario e inmobiliario, y en productos de tecnología, entre otros, no siempre gozó de las mieles de la riqueza.

La historia de esta estirpe en Colombia se remonta al siglo pasado, hace casi cien años, cuando a Puerto Colombia (Atlántico) llegó Nicolás, el primer integrante de la familia Char Zehlaoui, proveniente de Damasco, la capital de Siria.

Arribó un primero de agosto de 1923.

De Puerto Colombia pasó a Calamar y después probó suerte en San Antero, Cereté y Ciénaga de Oro, pero fue Lorica, donde la colonia árabe era la más numerosa, el sitio escogido por Nicolás Char para establecerse definitivamente. Desde esa época esta población situada a orillas del Río Sinú empezó a llamarse, mitad en serio mitad en broma, ‘Lorica Saudita’. 

Atraídos por el buen recibimiento que tuvo Nicolás en Colombia, fueron llegando uno por uno el resto de los descendientes de Mikhail Char y Miryam Zehlaoui:  Ricardo (padre de Fuad Char) en 1925; Rosita y Julieta, en 1929; Juan y Gabriel, en 1932, y Abdalá, en 1939, quienes se instalaron, primero en Lorica y luego en Barranquilla y Cartagena. Y, en 1951, arribó el menor de la familia: Henry Char, el único de ellos que está vivo.

Precisamente, fue Henry Char, quien en la actualidad vive en Cartagena, el que dio a conocer la historia de su familia en el libro ‘Pregunte por lo que no vea’, con la colaboración de los periodistas Manuel Lozano y Gustavo Arango, y en el que revela detalles desconocidos de los orígenes de una prole que ha forjado uno de los imperios económicos de más renombre en el Caribe colombiano.

El autor del libro dijo que se propuso dejar por escrito el legado de su familia para que los más de 300 descendientes que hay del clan Char desperdigados por Colombia, conocieran la verdad de sus orígenes y todo lo que les tocó vivir y sufrir para llegar a lo que son hoy en día. 

En sus memorias, el también hombre de negocios revela el origen del apellido Char, tal y como se lo contó su madre, en una de las fraternas noches de Damasco.

Según el relato de la matrona de los Char, el apellido surgió entre los años 1830 y 1840, cuando los católicos eran una minoría en Damasco y el tatarabuelo de Fuad Char, de apellido Abuljer (El Bondadoso), fue acusado por varias mujeres de la ciudad de haber sido la persona que le llevó el chisme a sus esposos de que no se estaban cubriendo el rostro con un velo ante la presencia de un musulmán.

Las enojadas mujeres dijeron que la persona que las delató no debía llevar el apellido Abuljer sino ‘Abulchar’ (El ‘buscapleitos’ o El chismoso), y así se conoció en toda la zona. Con el paso del tiempo, la fuerza de la tradición oral fue acortando el apellido hasta quedar en el Char que hoy conocemos.

Y, aunque parezca increíble, la familia Char, la misma que es una de las más poderosas del país, dueños del equipo Junior y, desde hace varios años, de la Alcaldía de Barranquilla y de la Gobernación del Atlántico, vivieron momentos de pobreza extrema en Damasco.

Mikhail, el padrote de la familia, fue tallador de piedra para las construcciones de la época. Ese oficio hizo que perdiera su visión a causa de las ‘astillas que le acribillaron los ojos’, lo que le impidió trabajar, y de pasó conllevó a que por muchos años la familia subsistiera de las remesas que sus hijos enviaban de Colombia a Siria.

Sin embargo, antes de que sus hijos tuvieran la posibilidad de enviar dinero para la subsistencia de sus padres, las continuas guerras provocaron que la situación económica de la familia se hiciera totalmente insostenible.

Según cuenta Char en su libro, la situación más dramática en la economía doméstica de la familia Char Zehlaoui se vivió por los días cuando nació Henein (Juana), en momentos en que en la casa no había, literalmente, un peso para la alimentación.

A tal extremo de precariedad económica llegó la familia Char que en varias oportunidades les tocó recoger la boñiga de los caballos que dejaban a la mitad de las calles, para separar las semillas que tragaban los animales, limpiarlas y después tostarlas para comerlas.

Sin un peso para comprar alimentos y con la incertidumbre de la guerra en sus propias narices, la situación en la casa de la familia Char, estaba hecha trizas.

Así que el nacimiento de Henein (Juana), en 1917, contradijo el refrán árabe que asegura que cada hijo que nace trae el pan debajo del brazo, pues, en este caso, el pan estaba por fuera de las cuatro paredes de la vivienda.

Según el relato de Henry Char, muy cerca de la casa, en el mismo barrio, la familia de un hacendado también había recibido a un hijo al que su madre no podía amamantar, pues sus pechos no producían leche.

El hacendado, que se llamaba Yamil Radwan, habló con Miryam Zehlaoui para que le diera seno a su bebé a cambio de trigo. Cuenta la mujer que solía alimentar primero al hijo del vecino, el que proporcionaba el trigo para toda la familia, y luego le daba el seno a Henein.

En ocasiones, esta mujer que viene siendo la madre de Fuad y la abuela de Alex Char, los alimentaba al mismo tiempo, ponía a uno en cada pecho. Gracias a este trueque, la familia pudo complementar las comidas durante algunos meses de la guerra.

En pocas palabras, de no ser por esta valerosa mujer, con una alta productividad lactante, la historia para una de las familias más poderosas del país, con más de 350 almacenes en 105 municipios de 21 departamentos de Colombia, que produjeron ventas de 5.9 billones de pesos el año anterior, con más de 30 emisoras e el país, y con múltiples inversiones multimillonarias a lo largo y ancho del territorio patrio, sería muy diferente o hasta inexistente.

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